
S&P ratifica la calificación de México
La agencia mantiene la calificación de México y abre la puerta a una mejora si se gestiona bien el T-MEC.
S&P Global Ratings ha dado un voto de confianza a la economía nacional al mantener la calificación de México en 'BBB' para su deuda en moneda extranjera y en 'BBB+' para la local, declarando la perspectiva como estable. Esta decisión llega en un momento clave, sirviendo como un pilar de certidumbre de cara a la planeación del Paquete Económico 2026. Para el ciudadano de a pie, esto significa que una de las agencias más importantes del mundo considera a México un pagador fiable, lo cual ayuda a mantener bajo control el costo de la deuda pública y ancla la confianza de quienes buscan invertir en el país. Este espaldarazo es fundamental para capitalizar fenómenos como el nearshoring, que sigue atrayendo fábricas y empleos, fortaleciendo corredores industriales desde Tijuana hasta el Bajío.
La ratificación se apoya en la expectativa de que el gobierno mexicano mantendrá una disciplina fiscal prudente y respetará la autonomía del Banco de México para controlar la inflación. Pese a un entorno internacional complejo, marcado por la incertidumbre económica en potencias como China y Europa, la agencia proyecta que la resiliencia de la economía mexicana continuará. El motor de este optimismo es una combinación de demanda interna robusta y, sobre todo, la profunda integración de nuestras cadenas de producción con Estados Unidos y Canadá. Esta sinergia, consolidada a través del T-MEC, es vista como el principal amortiguador frente a posibles crisis externas, garantizando un flujo constante de actividad económica que beneficia a miles de empresas exportadoras.
Claro que existen desafíos importantes en el horizonte que podrían afectar la calificación de México. S&P subraya que la gestión de la relación con Estados Unidos será determinante. La agencia espera que el gobierno actúe con pragmatismo ante eventuales disputas comerciales o la retórica sobre aranceles que pueda surgir en el vecino del norte. Navegar con inteligencia estas tensiones políticas, sin comprometer los beneficios del T-MEC, es la tarea más crítica. Un tropiezo en este ámbito podría erosionar la confianza de los inversionistas y presionar las finanzas del país. Por ello, la perspectiva podría mejorar en los próximos dos años solo si se combinan finanzas públicas sanas con una diplomacia comercial efectiva. Para México, esta ratificación no es solo una buena noticia financiera, sino una señal de estabilidad que asegura un ambiente más predecible para la inversión y el empleo.