
Presupuesto 2025: ¿Promesas o Realidad?
Analizamos cómo el Presupuesto federal impacta tu bolsillo y si las promesas de campaña se reflejan en el gasto.
El Presupuesto de Egresos de la Federación es mucho más que un documento contable; es el mapa que define el rumbo de México. Cada año, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) presenta su propuesta, iniciando un intenso debate en la Cámara de Diputados. En este proceso se decide a qué se destinarán los recursos públicos, desde proyectos de infraestructura hasta programas sociales que llegan a millones de familias. Es el momento en que las promesas de campaña se enfrentan a la realidad de las finanzas públicas, y donde las verdaderas prioridades del gobierno quedan al descubierto. Para el ciudadano, este debate puede parecer lejano y técnico, pero sus resultados repercuten directamente en la calidad de los servicios, la seguridad en las calles y las oportunidades económicas.
Durante los periodos electorales, escuchamos un sinfín de compromisos sobre mejorar la salud, educación y seguridad. Sin embargo, el verdadero termómetro de la voluntad política se encuentra en las partidas presupuestarias. ¿Se asignaron fondos suficientes para contratar más médicos? ¿El gasto en seguridad contempla una estrategia integral? Analizar el Presupuesto permite contrastar el discurso con los hechos. Es una herramienta fundamental para evaluar si las palabras se traducen en acciones concretas o si las grandes promesas se diluyen en asignaciones insuficientes o en prioridades distintas. La discusión legislativa se convierte así en un campo donde se negocian no solo cifras, sino el futuro de políticas públicas esenciales para el desarrollo del país.
El impacto de estas decisiones es tangible. Un recorte en el mantenimiento de carreteras afecta el comercio y la seguridad vial. Una reducción en el presupuesto para ciencia y tecnología limita la capacidad de innovación. Por otro lado, un aumento en apoyos para pequeños agricultores o becas estudiantiles puede generar un efecto multiplicador en la economía y la movilidad social. Por ello, la discusión sobre el gasto público no es un asunto exclusivo de economistas. Es una conversación nacional en la que todos deberíamos participar, informándonos y exigiendo que los recursos se usen de manera eficiente y transparente, alineados con las necesidades más apremiantes de la sociedad mexicana. La rendición de cuentas comienza por entender a dónde va nuestro dinero.
En un contexto de polarización y grandes retos nacionales, vigilar la asignación del presupuesto se vuelve un ejercicio democrático indispensable. Para el ciudadano, entender estas discusiones no es solo un derecho, sino una herramienta para exigir que las promesas se conviertan en realidades tangibles que mejoren su calidad de vida y fortalezcan el futuro de México.