
La economía de Irlanda: del éxito a la crisis
El modelo que la convirtió en el "Tigre Celta" hoy muestra fisuras, una lección para la economía de México.
La economía de Irlanda, a menudo idealizada como el "Tigre Celta", ofrece una narrativa mucho más compleja que la de sus icónicas cervezas o su música. Durante décadas, el país se convirtió en un imán para la inversión extranjera directa gracias a una agresiva política de bajos impuestos corporativos, atrayendo a gigantes tecnológicos y farmacéuticos que establecieron allí sus sedes europeas. Este modelo catapultó su Producto Interno Bruto a niveles asombrosos, generando un espejismo de prosperidad que parecía no tener fin. Sin embargo, el éxito desmedido trajo consigo consecuencias imprevistas que hoy resuenan en las urnas y en el día a día de sus ciudadanos, un eco que resuena con las estrategias de atracción de capital que se discuten en México.
El crecimiento acelerado no se tradujo equitativamente en bienestar social. La crisis de vivienda se ha vuelto insostenible, con precios de alquiler y compra que expulsan a las nuevas generaciones de las principales ciudades, una situación que no es ajena a las metrópolis mexicanas. La inflación, impulsada por factores globales pero exacerbada por la demanda interna, ha erosionado el poder adquisitivo, mientras que la infraestructura pública lucha por mantenerse al día con el crecimiento poblacional. Este descontento social se ha convertido en un factor determinante en las recientes elecciones, donde los partidos tradicionales han visto su poder desafiado por nuevas fuerzas políticas que capitalizan la frustración ciudadana, demostrando que un PIB robusto no garantiza la estabilidad política.
Para México, que busca posicionarse como un centro neurálgico para la inversión a través del nearshoring, la experiencia irlandesa es un espejo invaluable. La dependencia de capital extranjero, si bien beneficiosa a corto plazo, puede generar vulnerabilidades y desigualdades profundas si no se acompaña de políticas públicas robustas que fortalezcan el mercado interno y garanticen servicios esenciales. La lección del Tigre Celta es clara: el crecimiento económico debe ser un medio para el desarrollo social, no un fin en sí mismo. Observar la encrucijada de Irlanda es fundamental para México hoy. Su experiencia demuestra que las políticas fiscales diseñadas para atraer inversión deben tener un contrapeso en estrategias de bienestar social. Para el ciudadano mexicano, esto se traduce en la necesidad de exigir que el auge del nearshoring no solo genere empleos, sino que también se refleje en mejores servicios, vivienda accesible y un desarrollo equitativo que evite las fracturas sociales que hoy definen el panorama político irlandés.