
Industria cárnica busca nuevos mercados
La industria cárnica de México mira a Asia para no depender de un solo socio y asegurar su crecimiento.
La industria cárnica en México está reconfigurando su estrategia comercial global. Más allá de la tradicional dependencia del mercado norteamericano, los productores mexicanos, respaldados por la certificación del Sistema Tipo Inspección Federal (TIF), han comenzado una diversificación proactiva hacia nuevos horizontes. Esta movida no es casual, sino una respuesta directa a la incertidumbre que ha rodeado la reapertura de fronteras y las fluctuaciones en las relaciones comerciales. El objetivo es claro: fortalecer la resiliencia del sector y asegurar un crecimiento sostenido, independientemente de las políticas de un solo país. La calidad y sanidad de la carne mexicana, avalada por el sello TIF, se ha convertido en la principal carta de presentación para conquistar paladares en continentes como Asia, donde mercados emergentes como Filipinas ya muestran un interés creciente por los productos nacionales.
Esta búsqueda de nuevos mercados representa un paso crucial para la economía nacional. Durante años, la estabilidad del sector agroindustrial ha estado fuertemente ligada a la dinámica con Estados Unidos. Sin embargo, los recientes acontecimientos globales han evidenciado los riesgos de esta concentración. Al expandir su presencia a otras regiones, la industria cárnica no solo aumenta su volumen de exportación, sino que también mitiga posibles impactos negativos derivados de tensiones comerciales o crisis sanitarias localizadas. Instituciones como el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA) juegan un papel fundamental, pues su labor de certificación abre puertas que antes parecían inaccesibles, posicionando a México como un competidor confiable y de alta calidad en el competitivo escenario mundial de alimentos.
Para el consumidor y la economía mexicana, esta estrategia de diversificación es una señal de madurez y fortaleza. Asegura la estabilidad de miles de empleos en el sector primario y la cadena de suministro, y consolida la reputación de México como una potencia agroexportadora. A largo plazo, un sector cárnico robusto y con múltiples destinos de exportación se traduce en una mayor entrada de divisas y en un motor económico menos vulnerable a los vaivenes de un solo mercado, contribuyendo así a la estabilidad financiera del país.