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GM y Ford aplauden aranceles a México
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GM y Ford aplauden aranceles a México

Las automotrices de EE.UU. ven una ventaja en los aranceles del 25% a las camionetas hechas en México.

Forbes Staff

La controversia sobre los aranceles a camionetas fabricadas en México ha cobrado nueva vida tras declaraciones de Donald Trump. El expresidente de EE. UU. reveló que directivos de General Motors y Ford le agradecieron por mantener el impuesto del 25% a las pickups importadas, medida proteccionista conocida como "chicken tax". Según Trump, los ejecutivos confesaron que sin esta barrera comercial, enfrentarían una "lucha muy dura" para competir. Esta política, vigente por décadas, fue un punto clave en su administración y sigue generando tensión en la relación comercial de Norteamérica, desafiando el espíritu del T-MEC que rige el intercambio regional. El agradecimiento de los gigantes de Detroit pone de manifiesto cómo estas medidas fiscales son vistas como un escudo vital para sus operaciones domésticas.

Para la economía mexicana, estas declaraciones subrayan una vulnerabilidad estratégica. Nuestro país es una potencia en la manufactura de vehículos, con plantas que producen millones de unidades para exportación, principalmente al mercado estadounidense. Los aranceles del 25% no solo encarecen el producto final para el consumidor en EE. UU., sino que funcionan como un desincentivo a la expansión de la producción de camionetas en territorio nacional. Instituciones como la Secretaría de Economía monitorean estas políticas de cerca, pues cualquier endurecimiento pone en riesgo miles de empleos y una parte sustancial del PIB manufacturero. La industria depende de un delicado equilibrio que puede ser alterado por decisiones políticas tomadas en Washington, afectando a toda la cadena de suministro.

Desde la perspectiva de Detroit, la lógica es puramente defensiva. GM y Ford argumentan que la medida nivela el campo de juego frente a los costos de producción más competitivos en México. Al blindar su segmento más rentable —camionetas y vehículos grandes— aseguran la viabilidad de sus operaciones en Estados Unidos y protegen empleos locales, un argumento políticamente poderoso. No obstante, este enfoque genera distorsiones en la cadena de valor norteamericana, donde componentes cruzan la frontera varias veces. La "ventaja" para los fabricantes estadounidenses se traduce en un costo mayor para empresas y compradores, limitando la competencia.

Esta noticia es crucial para México hoy porque evidencia la fragilidad de nuestra principal industria de exportación ante los vientos políticos de Estados Unidos. Con elecciones presidenciales en el horizonte, la continuidad o el endurecimiento de estos aranceles podría redefinir las reglas del juego para la inversión y el empleo en el sector automotriz. Para el ciudadano, esto se traduce en una posible inestabilidad en los estados manufactureros y fluctuaciones en el tipo de cambio, demostrando cómo las decisiones en Washington tienen un eco directo en la economía familiar mexicana.

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Fuente: Forbes.com.mx

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