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Extorsión y monopolios disparan la inflación
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Extorsión y monopolios disparan la inflación

Subgobernador de Banxico advierte que la inflación no cede por la inseguridad y la falta de competencia.

Frida Andrade

La inflación en México enfrenta obstáculos que van más allá de las tasas de interés y la economía global. Según Jonathan Heath, subgobernador del Banco de México (Banxico), dos factores estructurales están presionando los precios al alza de manera persistente: la extorsión y la escasa competencia en diversos mercados. Esta advertencia pone sobre la mesa un debate crucial sobre cómo fenómenos de inseguridad y fallas de mercado terminan impactando directamente el bolsillo de todas las familias mexicanas, encareciendo desde los alimentos básicos hasta los servicios cotidianos. El análisis de Heath sugiere que la política monetaria por sí sola es insuficiente si no se atienden estos problemas de raíz, que distorsionan la formación de precios y limitan el poder adquisitivo de la población.

El mecanismo es más directo de lo que parece. Cuando un productor agrícola en Michoacán o un comerciante en el Estado de México es víctima de extorsión, se ve forzado a pagar una cuota ilegal, conocida como "derecho de piso", para poder operar. Este costo adicional no es absorbido por el empresario, sino que se traslada al consumidor final en forma de un precio más elevado. Así, el aguacate, el limón o el pollo que llegan a nuestra mesa ya incluyen un sobrecosto derivado de la inseguridad. Este "impuesto criminal" genera una presión inflacionaria silenciosa pero constante, afectando desproporcionadamente a los productos de primera necesidad y golpeando con más fuerza a los hogares de menores ingresos en el país.

Por otro lado, la falta de una competencia económica robusta agrava el panorama. Cuando pocas empresas dominan un sector, tienen la capacidad de fijar precios elevados sin el riesgo de perder clientes ante rivales más económicos. Esta concentración de mercado, presente en diversas industrias clave para el país, crea rigideces que impiden que los precios bajen, incluso cuando las condiciones económicas generales lo permitirían. La Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE) ha señalado en múltiples ocasiones cómo estas prácticas afectan al consumidor. La combinación de mercados poco competidos con el lastre de la inseguridad resulta en una inflación mucho más resistente y difícil de controlar, un desafío complejo que requiere soluciones integrales y coordinadas entre distintas autoridades gubernamentales.

Entender esta conexión entre inseguridad, competencia y precios es fundamental. Las declaraciones del subgobernador de Banxico revelan que la lucha contra la inflación no se libra únicamente con decisiones financieras, sino también en el fortalecimiento del estado de derecho y la promoción de mercados más justos. Para el ciudadano, esto significa que la estabilidad de su economía personal depende de soluciones estructurales que garanticen tanto su seguridad como un entorno de negocios equitativo, dos pilares esenciales para un crecimiento sostenible y precios estables.

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Fuente: Reforma.com

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