
Extorsión en México: el freno a la economía
Más allá del miedo: cómo la extorsión en México ahoga a emprendedores y frena el crecimiento del país.
La extorsión en México funciona como un impuesto ilegal que drena recursos de la economía nacional. Este sistema paralelo afecta a todos: desde el vendedor informal que paga una cuota semanal para operar, hasta el empresario consolidado que cede ganancias por una "protección" que el Estado debería garantizar. El fenómeno, conocido como "cobro de piso", se ha normalizado a tal grado que en muchas regiones se asume como un costo operativo más. Esta práctica no solo representa una transferencia de riqueza hacia la criminalidad, sino que distorsiona las reglas del mercado, creando una barrera invisible pero poderosa para el emprendimiento y la competencia justa. La normalización de este delito es una señal alarmante de su profundo arraigo en el día a día económico del país.
El impacto financiero va más allá del dinero que cambia de manos. Este delito frena la inversión, tanto nacional como extranjera, al generar un clima de incertidumbre y riesgo. Los costos adicionales impuestos por los delincuentes se trasladan inevitablemente al consumidor final, encareciendo productos y servicios básicos. Además, desincentiva la formalización, ya que muchos negocios prefieren operar en la economía informal para mantener un perfil bajo y evitar ser blanco de estas redes. Según datos sobre victimización empresarial, las pérdidas económicas asociadas a la delincuencia, con la extorsión como uno de sus principales componentes, representan miles de millones de pesos que podrían destinarse a la innovación, la generación de empleos o la mejora de salarios.
En el fondo, la persistencia de la extorsión revela una profunda fractura social y una crisis de confianza en las autoridades. Cuando un ciudadano siente que es más efectivo negociar con un criminal que denunciar, el pacto social se rompe, alimentando un círculo vicioso de impunidad que envalentona a los delincuentes. Por ello, comprender este fenómeno es clave para entender uno de los mayores obstáculos para el desarrollo de México. No es solo una estadística de seguridad, sino una fuerza que moldea la economía local e influye en el bolsillo de millones. Enfrentarlo requiere fortalecer las instituciones y promover la denuncia para romper el ciclo que frena el potencial del país.