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El verdadero freno a la inversión en México
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El verdadero freno a la inversión en México

La debilidad institucional, y no la falta de capital, es el principal freno a la inversión en el país.

Angel García-Lascuráin Valero

El principal freno a la inversión en México no se encuentra en los mercados financieros ni en la falta de capital, sino en un pilar mucho más profundo y delicado: la solidez de sus instituciones. Cuando la confianza en el Estado de derecho, la predictibilidad regulatoria y el respeto a los contratos se erosionan, el apetito por arriesgar capital disminuye drásticamente. Los inversionistas, tanto nacionales como extranjeros, no solo buscan rendimientos atractivos; anhelan, por encima de todo, certeza y reglas claras. Sin un marco institucional estable, el riesgo percibido se dispara, elevando el costo de financiamiento y haciendo que muchos proyectos viables en papel se vuelvan insostenibles en la práctica. Esta incertidumbre actúa como un impuesto invisible que desalienta la creación de nuevas empresas y la expansión de las existentes, afectando el dinamismo económico general.

En el contexto mexicano, esto se traduce en oportunidades perdidas que van más allá de los grandes titulares. La debilidad institucional no es un concepto abstracto; se manifiesta cuando las reglas del juego cambian a mitad del partido, como ha sucedido en sectores estratégicos como el energético, o cuando los procesos judiciales se perciben como lentos, costosos e impredecibles. Para una empresa que planea construir una nueva planta, esta falta de seguridad jurídica representa un obstáculo mayor que una tasa de interés elevada. La decisión de invertir millones de pesos depende de la seguridad de que su propiedad estará protegida y que los acuerdos firmados serán honrados por todas las partes, incluyendo las instancias gubernamentales, garantizando un piso parejo.

El impacto de este fenómeno se extiende por toda la economía, afectando directamente el bolsillo de los ciudadanos. Una menor inversión se traduce inevitablemente en una menor creación de empleos de calidad, un crecimiento económico más lento y una menor capacidad del país para competir en el escenario global. En un momento en que México cuenta con una oportunidad histórica gracias al nearshoring para atraer cadenas de producción, la fortaleza de su andamiaje institucional es el factor decisivo que determinará si se capitaliza esta ventaja competitiva o si el capital, siempre cauteloso, prefiere buscar destinos con entornos regulatorios más predecibles y confiables. La confianza es, al final, la moneda más valiosa.

Entender que la estabilidad institucional es el verdadero motor del crecimiento es crucial para el México de hoy. En un entorno global de alta competencia por el capital, fortalecer la certidumbre jurídica y la confianza en las instituciones no es una opción, sino una necesidad urgente. El impacto va más allá de las cifras macroeconómicas; define la capacidad del país para generar bienestar, empleos mejor pagados y un futuro próspero para todos sus ciudadanos.

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Fuente: El Financiero

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