
El riesgo Pemex para el T-MEC
La política que protege a Pemex genera una tensión sin precedentes con los socios comerciales del T-MEC.
La protección a Pemex, la petrolera estatal, se ha convertido en un punto de fricción clave para México dentro del Tratado con Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Mientras el gobierno federal busca fortalecer a la compañía más endeudada del mundo, sus socios comerciales argumentan que estas políticas contravienen los acuerdos de libre competencia pactados. La situación escaló cuando la Oficina del Representante Comercial de EE. UU. solicitó consultas formales, un mecanismo que podría derivar en sanciones comerciales. Esta medida refleja una creciente preocupación por las reformas en el sector energético mexicano, que parecen favorecer a Petróleos Mexicanos y a la CFE en detrimento de empresas privadas, muchas con capital estadounidense y canadiense que invirtieron bajo otras reglas. El conflicto pone sobre la mesa si la soberanía energética, como se plantea, es compatible con los compromisos de un tratado de libre comercio regional, generando una palpable tensión diplomática.
El trasfondo es la delicada situación financiera de Pemex. Su pasivo supera los 100 mil millones de dólares, una cifra que compromete su operatividad y la convierte en una carga para las finanzas públicas. Ante esto, el gobierno implementó una estrategia de rescate que incluye inyecciones de capital y cambios regulatorios para darle prioridad en el mercado nacional de combustibles. Sin embargo, esta estrategia proteccionista es vista por los socios del T-MEC como una barrera comercial injusta que limita la inversión y viola el espíritu del tratado, que busca un piso parejo para todos los competidores. La encrucijada es evidente: salvar a la petrolera choca con las reglas pactadas internacionalmente.
Esta disputa es crucial porque pone a México en una trampa económica y diplomática. Ceder a las presiones externas podría agravar la ya frágil crisis de Pemex, pero mantener la postura actual arriesga una guerra comercial que afectaría a otros sectores exportadores. Para el ciudadano, las consecuencias podrían manifestarse en el costo de la gasolina y la electricidad, la certidumbre para las inversiones que generan empleos y, en última instancia, en la estabilidad económica general del país. El desenlace definirá el futuro energético y la relación comercial más importante de México.