
El reto del PIB manufacturero en México
El PIB manufacturero de México es volátil. Analizamos las claves para estabilizarlo y potenciar la economía.
El PIB manufacturero en México representa una pieza fundamental, pero a la vez inestable, de nuestra economía nacional. A diferencia de otras naciones donde este sector promedia un 12% del Producto Interno Bruto, en nuestro país ha fluctuado históricamente entre un 17% y un 23% desde la década de los sesenta. Esta volatilidad, lejos de ser un simple dato estadístico, refleja una dependencia cíclica de factores externos y una falta de políticas internas sostenidas que logren consolidar su crecimiento. Entender estas importantes oscilaciones es crucial para trazar una ruta hacia un desarrollo económico mucho más predecible y robusto, que no dependa únicamente de los vaivenes de los mercados globales.
Este comportamiento errático tiene consecuencias directas en la vida de los mexicanos. La industria manufacturera es una fuente vital de empleo formal y bien remunerado, especialmente en los corredores industriales del Bajío y la frontera norte. Cuando el sector se expande, se generan oportunidades y se fortalece el consumo interno; sin embargo, en sus fases de contracción, la incertidumbre laboral aumenta y afecta la estabilidad financiera de miles de familias. La fortaleza del peso frente al dólar y la capacidad del gobierno para recaudar impuestos también están íntimamente ligadas al desempeño de esta industria, que abarca desde la producción automotriz hasta la fabricación de productos electrónicos de alta tecnología.
Para que México crezca de manera sostenida, es indispensable abordar las causas de esta inestabilidad. Se requiere una estrategia nacional que vaya más allá de los ciclos políticos y que se enfoque en fortalecer las cadenas de valor internas. Esto implica no solo atraer inversión extranjera, sino también fomentar el desarrollo de proveedores locales capaces de competir en calidad y precio. La modernización de la infraestructura logística, la simplificación de trámites burocráticos y la garantía de un suministro energético competitivo son tareas pendientes que limitan el potencial del PIB manufacturero. Solo con una visión a largo plazo se puede pasar de ser un centro de ensamblaje a un verdadero polo de innovación.