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El boom de la inversión en FIBRAS en México
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El boom de la inversión en FIBRAS en México

Descubre por qué la inversión en FIBRAS ofrece liquidez y beneficios únicos ante el auge del nearshoring.

Alonso Díaz Barriga Meixueiro

La inversión en FIBRAS se consolida como un pilar fundamental del dinamismo económico en México, permitiendo que cualquier persona participe activamente en el crecimiento del sector inmobiliario. Estos Fideicomisos de Infraestructura y Bienes Raíces, que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), funcionan como un vehículo para invertir en un portafolio diversificado de inmuebles, desde parques industriales y oficinas hasta centros comerciales, sin la necesidad de comprar una propiedad directamente. Su estructura ofrece una liquidez que la inversión inmobiliaria tradicional no posee, ya que sus títulos (certificados bursátiles) se compran y venden con la misma facilidad que una acción, abriendo la puerta a inversionistas de todos los tamaños.

El fenómeno del nearshoring ha actuado como un catalizador sin precedentes para este mercado. La relocalización de cadenas de suministro globales hacia Norteamérica está generando una demanda explosiva de naves industriales y espacios logísticos, principalmente en los corredores del norte y el Bajío. Las FIBRAS especializadas en el sector industrial son las beneficiarias directas de esta tendencia, capturando rentas de contratos dolarizados con empresas multinacionales y traduciendo este auge en rendimientos para sus inversionistas. Este contexto convierte a los fideicomisos en un reflejo directo del potencial industrial que México está capitalizando, transformando la geopolítica en oportunidades financieras tangibles para el público local.

Más allá del auge industrial, los beneficios para el inversionista son claros y concretos. Uno de los principales atractivos radica en el marco fiscal, ya que la Ley del Impuesto Sobre la Renta (LISR) contempla tratamientos preferenciales que pueden optimizar los rendimientos netos. Además, por normativa, las FIBRAS deben distribuir anualmente al menos el 95% de su resultado fiscal entre los tenedores de los certificados, lo que se traduce en un flujo constante de dividendos. Esto las convierte en una opción atractiva no solo para la apreciación del capital, sino también para la generación de ingresos pasivos, democratizando el acceso a las rentas del motor inmobiliario del país.

En un momento en que México se posiciona como un centro estratégico para la inversión global, las FIBRAS dejan de ser un instrumento de nicho para convertirse en un termómetro de la economía real. Para el ciudadano, representan la oportunidad de alinear su patrimonio con el crecimiento industrial del país, beneficiándose directamente de una de las mayores transformaciones económicas de la década sin necesidad de grandes capitales. Entender su funcionamiento es clave para participar en el futuro que ya se está construyendo.

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Fuente: El Financiero

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