
El avance de la carcachización en México
El avance de la carcachización en México es visible en las calles y refleja un profundo desafío económico y social.
El avance de la carcachización en México es una realidad innegable que contrasta con los discursos de prosperidad económica. Este fenómeno no está en estadísticas complejas, sino a simple vista en el día a día de millones. Se manifiesta en el asfalto que se desmorona, en la pintura desvanecida de la señalización y en infraestructura pública con evidente falta de mantenimiento. Calles mal iluminadas, parques descuidados y drenajes que colapsan son postales comunes desde Tijuana hasta Chetumal. Esta degradación progresiva no es solo un problema estético, sino el síntoma de un abandono que impacta la calidad de vida, creando una brecha entre cifras macroeconómicas y la experiencia cotidiana.
Las raíces de este deterioro apuntan a una persistente falta de inversión en mantenimiento preventivo y correctivo por parte de los tres niveles de gobierno. Mientras se anuncian grandes obras, los recursos para conservar lo existente parecen insuficientes o mal gestionados. La planeación urbana a menudo queda relegada, permitiendo un crecimiento desordenado que sobrecarga servicios públicos frágiles. Esta dinámica crea un círculo vicioso: la falta de mantenimiento acelera el desgaste, lo que a su vez encarece futuras reparaciones, perpetuando el abandono. La burocracia y la falta de continuidad en proyectos entre administraciones agravan la situación, dejando un legado de obras de baja calidad.
Las consecuencias de la carcachización de México van más allá de un bache. Económicamente, el deterioro vial aumenta los costos de transporte para empresas y particulares, afectando la competitividad y el bolsillo familiar. Un entorno urbano descuidado puede devaluar propiedades y desincentivar la inversión privada, frenando el desarrollo local. Socialmente, la falta de espacios públicos dignos reduce las oportunidades de cohesión comunitaria, mientras la deficiencia en servicios básicos como el alumbrado genera percepción de inseguridad. Al final, este desgaste físico del país se traduce en un desgaste anímico para sus habitantes, quienes enfrentan un entorno que no refleja su potencial.
Entender la carcachización es crucial en un momento de transición política y de redefinición de prioridades nacionales. Este deterioro visible no es un problema menor, sino un indicador clave del bienestar real de la población que impacta directamente en la seguridad, el patrimonio y la economía personal de cada ciudadano. Ignorarlo significa aceptar un estándar de vida más bajo, donde el progreso se mide solo en cifras y no en la calidad del entorno que habitamos todos los días.