
Economía mexicana: la brecha crece
Mientras la bolsa celebra, la economía mexicana real se contrae. Entiende cómo esta desconexión impacta tu bolsillo.
La economía mexicana presenta una paradoja que desconcierta a muchos: mientras los indicadores financieros parecen optimistas, la realidad para la mayoría de los ciudadanos y pequeñas empresas cuenta una historia diferente. Durante el último trimestre, el país experimentó una contracción del 0.3% trimestral y un 0.2% anual, cifras que reflejan una debilidad palpable en el motor productivo nacional. Sin embargo, este panorama no siempre se alinea con el comportamiento del llamado ‘Wall Street mexicano’, un término que engloba a la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) y los grandes capitales de inversión que operan en el país. Esta desconexión genera una pregunta fundamental: ¿por qué los mercados financieros y la economía cotidiana parecen habitar universos paralelos?
El optimismo en los mercados a menudo se nutre de factores que no impactan directamente al ciudadano promedio. Las grandes corporaciones que cotizan en la BMV, muchas de ellas con fuertes lazos al comercio exterior, pueden registrar ganancias récord gracias a la demanda de mercados como el estadounidense o a la fortaleza del peso, que atrae capital extranjero especulativo. Decisiones de política monetaria, como las tasas de interés fijadas por el Banco de México (Banxico), también juegan un papel crucial, atrayendo inversiones financieras que buscan rendimientos altos y rápidos, inflando los valores bursátiles sin necesariamente traducirse en la creación de empleos o en un mayor bienestar para la población. Este fenómeno crea una burbuja de prosperidad que se limita a un sector muy específico.
En contraste, la ‘Main Street’ o la economía real, la de los negocios de barrio, las pequeñas y medianas empresas (PyMEs) y los trabajadores, enfrenta un escenario mucho más complejo. La contracción económica se manifiesta en una disminución del consumo, en la postergación de proyectos de inversión y en la precarización del empleo. Para millones de mexicanos, la situación económica no se mide con el Índice de Precios y Cotizaciones (IPC) de la bolsa, sino con el precio de la canasta básica, el costo de la gasolina y las oportunidades laborales disponibles. Es en este ámbito donde la debilidad reportada por el INEGI se siente con mayor fuerza, generando incertidumbre y afectando directamente la calidad de vida de las familias.