
Economía mexicana débil en año de Sheinbaum
Expertos del sector privado analizan por qué la economía mexicana no despega en el primer año del nuevo gobierno.
La economía mexicana cierra el primer año de gobierno de Claudia Sheinbaum con señales de debilitamiento, una percepción que se consolida desde el sector privado. Según el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), la esperada reactivación no ha llegado con la fuerza necesaria, en gran parte debido a lo que califican como una pronunciada "curva de aprendizaje" de la nueva administración. Esta fase inicial ha estado marcada por una cautela en la inversión y una falta de definición en políticas clave que generan certidumbre, factores indispensables para que las empresas pongan en marcha nuevos proyectos y expandan sus operaciones. La confianza empresarial, un termómetro fundamental para medir el pulso económico, parece estar en una pausa expectante, esperando señales más claras y contundentes que incentiven el flujo de capital.
La desaceleración no es un fenómeno aislado, sino el resultado de una concatenación de factores internos. La falta de ejecución en el gasto público durante los primeros meses del año, sumada a la reconfiguración de programas sociales y proyectos de infraestructura, impactó directamente en la dinámica productiva. Analistas del CEESP señalan que, si bien todo cambio de gobierno implica un periodo de ajuste, la incertidumbre actual ha sido más prolongada de lo esperado. Esto se traduce en un menor dinamismo en sectores clave como la construcción y la manufactura, que dependen en gran medida de la inversión fija bruta. El consumo privado, aunque resiliente, también ha moderado su ritmo de crecimiento, reflejando la cautela de los hogares ante un panorama económico que no termina de consolidarse.
La perspectiva del sector empresarial subraya la urgencia de fortalecer el Estado de derecho y simplificar el entorno regulatorio para atraer capitales, tanto nacionales como extranjeros. La relación entre el gobierno y la iniciativa privada se vuelve crucial en este escenario, ya que la colaboración es fundamental para superar los obstáculos y reactivar la economía mexicana. El diálogo constante y la construcción de acuerdos son vistos como el único camino viable para generar un clima de negocios favorable que permita a México capitalizar oportunidades como el nearshoring. Sin una estrategia clara que fomente la confianza y garantice la certidumbre jurídica, el riesgo es que el estancamiento se prolongue, afectando el bienestar de la población y limitando el potencial de desarrollo del país. Entender este diagnóstico es clave, pues la salud de la inversión empresarial impacta directamente en la creación de empleos, la estabilidad de precios y, en última instancia, en el bolsillo de las familias mexicanas. La evolución de la relación entre el gobierno y las empresas durante los próximos meses definirá si la economía logra encontrar un nuevo impulso o si la debilidad actual se convierte en una tendencia preocupante.