
Crece IED, pero inversión total se frena
Mientras los capitales foráneos muestran confianza, la inversión total en el país no despega. ¿Qué revela?
La reciente cifra de Inversión Extranjera Directa (IED) pinta un cuadro optimista para México, mostrando un aumento significativo impulsado mayormente por capital de Estados Unidos. Este influjo subraya la fortaleza de nuestra integración económica y la confianza que socios internacionales depositan en sectores clave. Sin embargo, este titular esconde una realidad compleja: la inversión total en el país, que suma tanto el capital foráneo como el nacional, ha registrado una preocupante caída. Esta divergencia plantea preguntas críticas sobre la salud subyacente de nuestra economía y el sentir de los inversionistas locales.
El auge de la IED está estrechamente ligado al nearshoring, fenómeno donde empresas reubican sus cadenas de producción cerca de mercados clave como el estadounidense. México, por su ubicación estratégica y el T-MEC, es un beneficiario natural. Sectores como manufactura, automotriz y tecnología atraen millones, fortaleciendo cadenas de valor que conectan ambas economías. Este flujo de dólares es vital, pues genera empleo y fomenta la transferencia tecnológica. Cifras de la Secretaría de Economía confirman esta tendencia, con un flujo constante de anuncios de nuevas plantas y expansiones, sobre todo en el norte y centro del país.
Por otro lado, la contracción de la inversión total sugiere que empresarios y emprendedores locales no comparten el mismo optimismo. Esta cautela interna podría atribuirse a factores como la incertidumbre sobre políticas nacionales, la percepción del estado de derecho o un entorno macroeconómico con desafíos internos, pese a las fortalezas externas. Si bien el capital extranjero es esencial, una economía sostenible y robusta depende de la inversión doméstica. Es esta la que impulsa el desarrollo a largo plazo, crea un ecosistema empresarial resiliente y asegura que los beneficios del crecimiento se distribuyan ampliamente. Entender esta dualidad es clave para el futuro de México. La aparente contradicción entre la fuerte IED y una débil inversión local no es solo un dato económico, sino un termómetro del clima de negocios. Para el ciudadano, esta dinámica impacta directamente en la calidad y cantidad de empleos a largo plazo, pues un crecimiento sostenido no puede depender únicamente de la confianza que viene del exterior; necesita, fundamentalmente, de la que se construye y se consolida desde adentro.