
China y su plan: un nuevo orden global
La alianza de China, Rusia e India en la OCS busca un nuevo orden global. ¿Qué significa para México?
China consolida su visión de un nuevo orden global al reunir a líderes de potencias no occidentales, incluyendo a Rusia e India, en la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS). Este bloque, que agrupa a una parte significativa de la población mundial, se presenta como una alternativa a estructuras como el G7. La reunión, encabezada por Xi Jinping, no es solo un encuentro diplomático, sino una declaración de intenciones para redefinir las reglas del comercio y la geopolítica. El objetivo es construir un sistema multipolar donde las decisiones no dependan exclusivamente de Washington, sentando las bases para una cooperación económica y de seguridad al margen de la influencia occidental. Este movimiento busca fortalecer alianzas entre países que comparten una visión crítica del actual equilibrio de poder.
El impacto de esta cumbre va más allá de los discursos. Se trata de una reconfiguración de las cadenas de suministro y los flujos de inversión. Para México, cuya economía está ligada a la de Estados Unidos a través del T-MEC, la consolidación de este bloque oriental es un factor a observar. Un fortalecimiento de la OCS podría acelerar la desdolarización del comercio entre sus miembros, utilizando monedas locales o nuevas plataformas financieras. Esto podría generar volatilidad en los mercados de divisas, incluyendo el peso mexicano, que a menudo actúa como un termómetro del riesgo global. Además, las empresas mexicanas que dependen del comercio con Asia podrían enfrentarse a nuevas dinámicas de competencia y logística.
Este escenario geopolítico también abre oportunidades. Mientras China construye su propio eje, empresas occidentales continúan buscando destinos seguros para reubicar sus operaciones, fenómeno conocido como nearshoring. México está en una posición privilegiada para capitalizar esta tendencia, atrayendo inversiones que buscan reducir su dependencia de Asia. Sin embargo, el ascenso de un nuevo orden global presiona al país a diversificar sus mercados y no depender exclusivamente del vecino del norte. Ignorar el poderío de este bloque sería un error, pues sus decisiones repercutirán en los precios de las materias primas, la tecnología y los bienes de consumo que llegan a los hogares mexicanos, redefiniendo el panorama económico. La formación de este eje no es una amenaza directa, sino un recordatorio de que el tablero mundial cambia y México debe adaptarse.