
CDMX negocia con transportistas para evitar caos
El gobierno busca un acuerdo para frenar bloqueos y el alza de dos pesos al pasaje que exigen transportistas.
El diálogo entre el Gobierno de la Ciudad de México y los transportistas se mantiene activo para desactivar la amenaza de bloqueos que podrían paralizar la capital. La administración, a través del secretario de Gobierno, César Cravioto, ha reiterado su disposición para negociar y encontrar una solución a la principal demanda del gremio: un incremento de dos pesos a la tarifa. Esta mesa de diálogo busca evitar un colapso en la movilidad, pero también atiende una presión económica que los operadores consideran insostenible.
La exigencia de los transportistas responde al encarecimiento de sus insumos, reflejo de la inflación que afecta a la economía nacional. El aumento en el precio de la gasolina, refacciones y costos de mantenimiento ha erosionado sus márgenes, llevando la operación al límite de su viabilidad. Para el gremio, el ajuste tarifario no busca mayores utilidades, sino que es una medida necesaria para garantizar la continuidad y seguridad del servicio que prestan a millones de usuarios.
Desde la perspectiva del gobierno, la decisión es delicada. Un alza en el pasaje impactaría el bolsillo de millones de familias, cuyo presupuesto ya está presionado por la canasta básica. La Secretaría de Movilidad (SEMOVI) debe ponderar el impacto social de cualquier ajuste, pues el transporte público es un pilar económico. Autorizar el incremento podría generar descontento y presiones inflacionarias, mientras que negarlo sin alternativas viables podría deteriorar la calidad y disponibilidad del servicio.
La amenaza de "ahorcar la ciudad" trasciende el problema vial; representa un riesgo económico mayúsculo. Una parálisis de esta magnitud detendría la actividad comercial, afectaría cadenas de suministro y generaría pérdidas millonarias para todo tipo de negocios. Por ello, estas negociaciones son un termómetro de la capacidad de la ciudad para gestionar las crisis que surgen del choque entre las presiones macroeconómicas y las necesidades de la población, definiendo con ello la estabilidad de un sector vital y la paz social en la metrópoli.