
Aumento al pasaje: ¿mejorará el transporte?
El aumento al pasaje es solo un ajuste inflacionario. Entérate por qué no verás mejoras en el servicio.
El reciente aumento al pasaje en el transporte público concesionado ha generado un intenso debate entre los usuarios, quienes se preguntan si este incremento se traducirá en una mejora tangible en la calidad del servicio. Sin embargo, especialistas en movilidad y políticas públicas, como Víctor Alvarado, han puesto un freno a las expectativas. Según los análisis, el ajuste de 1.5 pesos a la tarifa no representa una inversión destinada a modernizar unidades, mejorar la seguridad o aumentar la frecuencia de los recorridos. En realidad, se trata de una medida necesaria para compensar el impacto de la inflación que ha afectado los costos operativos de los concesionarios durante los últimos años. Este incremento apenas permite que el sistema siga funcionando en su estado actual, cubriendo gastos esenciales como el combustible, el mantenimiento básico de las unidades y los salarios de los operadores, que también han visto mermado su poder adquisitivo.
Para el ciudadano de a pie, esta noticia puede ser desalentadora. Millones de personas en la Ciudad de México y otras metrópolis del país dependen diariamente de microbuses, vagonetas y autobuses para trasladarse a sus trabajos, escuelas y hogares. La esperanza de que un boleto más caro significara viajes más seguros, cómodos y eficientes parece desvanecerse. El problema de fondo radica en un modelo de transporte que ha operado durante décadas con mínimas actualizaciones estructurales. Los concesionarios argumentan que las tarifas habían permanecido congeladas por mucho tiempo, volviendo insostenible la operación sin este ajuste. El aumento al pasaje se convierte así en un parche temporal para una herida mucho más profunda, que es la falta de una política integral de modernización y financiamiento para el transporte colectivo que no dependa exclusivamente del bolsillo del usuario.
Esta situación pone de relieve la tensión constante entre la necesidad de mantener tarifas accesibles para la población y la urgencia de garantizar un servicio digno y sostenible. El ajuste inflacionario, aunque justificado desde la perspectiva de los operadores, no soluciona los problemas estructurales como la antigüedad del parque vehicular, la falta de capacitación para los conductores o la inseguridad en las rutas. La discusión, por lo tanto, debe ir más allá del precio del boleto y centrarse en cómo se puede construir un sistema de movilidad integrado, eficiente y seguro. La pregunta clave que queda en el aire es si este aumento al pasaje será el último ajuste reactivo o el primer paso hacia una verdadera transformación del transporte en México, una que priorice tanto la viabilidad financiera del sistema como la calidad de vida de sus millones de usuarios.