
Aranceles a China tensan la relación con México
Tras los nuevos aranceles, China advierte sobre el futuro de la cooperación económica con México.
Los nuevos aranceles a China aplicados por México han provocado una respuesta directa desde Pekín, generando una notable tensión en la relación bilateral. El gobierno chino, a través de su Ministerio de Comercio, expresó su descontento y advirtió que tomará las "medidas necesarias" para proteger los intereses de sus empresas. Este mensaje, aunque diplomático en su forma, subraya la seriedad con la que el gigante asiático ve las barreras comerciales impuestas a productos clave como el acero, textiles y calzado. La postura de China no es solo una reacción a una política fiscal, sino un recordatorio del peso que tiene como segundo socio comercial de México, solo por detrás de Estados Unidos. La cooperación económica, que ha crecido exponencialmente en las últimas dos décadas, se encuentra ahora en un punto de inflexión que exige un manejo cuidadoso por parte de ambas naciones.
La decisión del gobierno mexicano, gestionada por la Secretaría de Economía, no surge en el vacío. Responde a una creciente presión de industriales nacionales que denuncian prácticas de comercio desleal, como el dumping, que consiste en vender productos por debajo de su costo de producción para acaparar el mercado. Sectores como el siderúrgico y el textil han sido particularmente vocales, argumentando que la competencia china amenaza miles de empleos y la viabilidad de la producción local. Estos aranceles, que alcanzan hasta un 80% en ciertos productos, buscan nivelar el campo de juego y fortalecer las cadenas de suministro regionales, en línea con la estrategia de nearshoring y los compromisos adquiridos dentro del T-MEC con Estados Unidos y Canadá, quienes también han mostrado preocupación por la triangulación de acero chino.
El impacto de esta disputa comercial podría sentirse más allá de los despachos gubernamentales. Para el consumidor mexicano, la restricción a las importaciones chinas podría traducirse en un aumento de precios en una amplia gama de productos, desde herramientas y ropa hasta ciertos componentes electrónicos. Las empresas mexicanas que dependen de insumos asiáticos para su producción también enfrentan un panorama de incertidumbre, con posibles aumentos en sus costos operativos. La advertencia de China de no afectar la cooperación abre un periodo de negociación crucial, donde México deberá equilibrar la protección de su industria local con la necesidad de mantener una relación estable con una potencia económica global, de la cual depende una parte significativa del comercio y la inversión que llega al país. Esta tensión arancelaria coloca a México en una encrucijada estratégica. Por un lado, debe proteger su mercado interno y alinearse con sus socios del T-MEC, especialmente ante la presión de Estados Unidos. Por otro, no puede ignorar el poder económico de China, un socio clave para la inversión y el consumo. La forma en que se resuelva este diferendo definirá no solo el futuro de la relación bilateral, sino también la capacidad de México para navegar en un tablero geopolítico cada vez más polarizado, con implicaciones directas en los precios, el empleo y la competitividad de la industria nacional.