
Advierten caída en la inversión pública de México
Aunque se espera un alza en 2026, la inversión pública caerá a mínimos históricos. ¿Cómo te afecta?
La inversión pública en México se dirige hacia un panorama complejo para la próxima década. Según análisis del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), a pesar de un repunte esperado en 2026, la tendencia general es a la baja. Este gasto es el motor detrás de la construcción de carreteras, hospitales y escuelas, fundamentales para el desarrollo. La advertencia es clara: hacia 2030, los recursos para estos fines podrían desplomarse hasta alcanzar solo el 2.6% del Producto Interno Bruto (PIB), una cifra que enciende las alarmas sobre la capacidad del Estado para impulsar el crecimiento y mejorar los servicios para la ciudadanía.
El aumento proyectado para 2026 se perfila como un evento coyuntural, vinculado a la finalización de obras prioritarias, y no como una estrategia a largo plazo. La inversión pública es crucial no solo por los empleos que genera, sino porque crea las condiciones para atraer capital privado. Una infraestructura deficiente se convierte en un freno para la competitividad nacional, afectando la capacidad de México para atraer nuevas empresas y retener las existentes. Sin un flujo constante de recursos en este rubro, el país corre el riesgo de quedarse rezagado frente a otras economías emergentes que sí apuestan por modernizar sus cimientos para el futuro.
Esta paulatina reducción de fondos se traduce en consecuencias tangibles para la vida de los mexicanos. Un menor presupuesto en infraestructura puede significar un deterioro en la calidad de los servicios de salud, saturación en el transporte y obstáculos para el comercio por una red logística precaria. El impacto de una baja inversión pública va más allá de los indicadores macroeconómicos, afectando directamente el bienestar de las familias y la productividad general. Este escenario plantea un desafío mayúsculo para la hacienda pública y obliga a un debate sobre las prioridades nacionales para garantizar un desarrollo sostenible en el futuro. Entender esta proyección a la baja es crucial hoy, porque define el margen de maniobra que tendrá México para construir un futuro más próspero. La discusión sobre el presupuesto no es un tema lejano; determina la calidad de las carreteras que usamos, los hospitales que nos atienden y las oportunidades de empleo que se crearán en la próxima década, impactando directamente en la calidad de vida de todos.